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Un repaso a la ciudad

HISTORIA

Guadalajara tiene orígenes remotos que la ligan con la Celtiberia; aunque, las referencias históricas más antiguas nos informan de su importancia como plaza fuerte en la estrategia militar de los emires y califas de Córdoba. Entonces fue conocida con dos apelativos, Madinat al-Faray, en memoria de su conquistador, y Wad al-Hayara, traducción al árabe de su nombre prerromano, Arriaca.

EDAD MEDIA CASTELLANA

En el año 1085 Guadalajara se incorporó al reino de Castilla a merced de la política expansionista del rey Alfonso VI. Con el tiempo, ese acontecimiento pasó a las crónicas como una hazaña bélica protagonizada por Alvar Fáñez de Minaya, hoy reflejado en el escudo de armas de la ciudad.

Pese a perder su condición de medina, la villa de Guadalajara fue objeto de innumerables prebendas reales. Entre muchas, destacar los Fueros dados en 1133 por Alfonso VII y en 1219 por Fernando III, y los privilegios otorgados por Alfonso IX para tener voto en Cortes o por Alfonso X para la organización de ferias. Por último, sería Enrique IV el que devolvería a Guadalajara el título de Ciudad, en el año 1460.

Esta merced que pretendía poner freno a las aspiraciones de los Mendoza sobre el Concejo, resultó estéril; sobre todo, después que en 1475 Diego Hurtado de Mendoza recibiera el título de duque del Infantado. Hasta ese momento la villa se había distinguido como un próspero núcleo urbano en el que convivían castellanos, judíos y musulmanes. Prueba de esa armonía son los monumentos mudéjares que aún se conservan.

ACTUALIDAD

En la actualidad, Guadalajara se presenta como una ciudad dinámica, accesible y cercana, después de protagonizar un profundo desarrollo económico y crecimiento urbano. Está dotada de los mejores equipamientos, de amplios espacios verdes y de un conjunto de servicios que satisface plenamente a sus habitantes que se muestran felices por los niveles de calidad de vida alcanzados.

Sus modernas instalaciones han permitido y permiten celebrar numerosos eventos deportivos de renombre y un abanico de jornadas congresuales que la han elevado a la categoría de ciudad deportiva y congresual.

Capítulo aparte requiere su excelente gastronomía, basada en platos castellanos, de gran aporte calórico, reflejos de las condiciones climatológicas de esta tierra. Entre sus especialidades gastronómicas son de destacar sus tradicionales asados de cordero y cabrito, regados con “breve”, un aliño de hierbas aromáticas maceradas en vinagre. De postre, el producto estrella de la capital, los bizcochos borrachos, o la miel de la Alcarria, con Denominación de Origen desde el año 1992. Durante su estancia, el viajero podrá elegir entre una amplia variedad de platos, así como lugares de degustación, que harán las delicias de los paladares más exigentes.

Pero Guadalajara es mucho más, es una población histórica que emana hospitalidad, reflejada en la amabilidad de sus gentes. Aquí el visitante encontrará un extenso repertorio de posibilidades culturales y de ocio que harán de su estancia una experiencia inolvidable. En definitiva, una ciudad con mucho por descubrir y disfrutar.

 
¿Qué ver en Guadalajara?

PALACIO DEL INFANTADO

La historia del palacio puede resumirse en cuatro actos: su construcción, iniciada en 1480 y concluida a fines del siglo XV, bajo la dirección de Juan Guas; su reforma, por el quinto duque del Infantado, entre 1570 y 1580, que introdujo los elementos renacentistas; su ruina, a causa de un incendio en 1936, y, finalmente, su restauración en los años sesenta.

Los contrastes abundan en la fachada del palacio: entre la traza gótica inicial y las ventanas renacentistas; entre los vanos de la galería superior y el gran muro de fortaleza del cuerpo bajo, cuya solidez acentúan las cabezas de los clavos de piedra; entre este muro esquemático y la complicadísima portada, marco sucesivo de los emblemas de la familia y del constructor; finalmente, sobre la piedra ocre, al caer la tarde, queda el contraste entre las luces y las sombras.

Patio de los Leones

No menos valor tiene el Patio de los Leones, en el interior. Se compone de dos galerías, formadas por arcos rebajados de tres centros: en la inferior, predomina el motivo compuesto por los leones enfrentados; en la superior, el de los grifos, animales mitológicos. La galería baja, inicialmente, estaba sostenida por columnas helicoidales, como las del piso alto. En 1571, esas columnas fueron sustituidas por las actuales, de estilo dórico, al mismo tiempo que se levantaba más de un metro todo el suelo del patio.

Salas del Palacio

La mayor parte de la decoración interior del palacio ha desaparecido, destruida en el incendio de 1936. Pueden visitarse todavía las salas bajas, decoradas por el artista italiano Rómulo Cincinato entre 1578 y 1580. Durante muchos años el palacio ha sido sede de la Biblioteca Provincial. El Museo Provincial se encuentra en su interior.


CAPILLA DE LUIS LUCENA

Esta capilla, que estuvo adosada a la iglesia de San Miguel, ya desaparecida, revela la tradición mudéjar en el uso del ladrillo, pero su estilo caprichoso obedece al manierismo del siglo XVI. Fue fundada por el humanista Luis de Lucena y su construcción, tal vez trazada por él mismo, data de 1540.

En el exterior de la capilla de Lucena, unas torrecillas cilíndricas, bajo un extraño alero, simulan una obra militar. Se trata, probablemente, según Herrera Casado, de una referencia a la Fortaleza de la Fe o, tal vez, según Muñoz Jiménez, al Templo de Salomón.

El interior exhibe un estilo no menos caprichoso: en las pilastras, que introducen una mezcla de dórico y jónico, y en la tribuna que acoge la escalera de caracol que sube al piso superior. Las bóvedas, pintadas probablemente por Rómulo Cincinato, que también trabajó en el palacio del Infantado, desarrollan un programa iconográfico de características erasmistas y simbólicas.


CATEDRAL DE SANTA MARÍA

En esta iglesia, cuyo origen se remonta a fines del siglo XIII o principios del XIV, se suceden tres estilos principales: el mudéjar, que define las puertas de ladrillo, con arcos de herradura apuntados, y la torre, inicialmente exenta; el estilo renacentista, incorporado a principios del siglo XVI, en el pórtico, con característicos capiteles alcarreños, y, finalmente, el barroco, en la bóveda interior.

En el interior de Santa María, de tres naves con arcos apuntados, muy transformado, se suceden las capillas, lápidas, altares y otras obras de arte, entre las que destaca el retablo policromado, que trazó fray Francisco Mir en 1624.






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